
¿A quién se le ocurre la desfachatez de hablar de Clarín aquí, donde todos somos, reconozcámoslo, tirando a posmodernitos con ganas de saberlo todo y de aparentar estar siempre a la última? Se me ocurre a mí que, sí, tal vez, soy una desfachatada.
Que me perdonen las excepciones, pero hoy en día solamente lee(mos) al siglo XIX los filólogos o los aspirantes a filólogos. Nos obligan. Tal que así, yo nunca me habría enfrentado de esta forma a la novela del siglo XIX si no hubiera sido porque, un mes antes de un examen, me di cuenta de que me quedaban casi 4000 páginas por leer entre todas las novelas que me obligaban a tragar con cucharón a cambio de 10 créditos.
La mayor parte de los que lean esto no se verán en tal majadero nunca. Sin embargo, a nosotros, modernitos de mierda, no nos vendría mal una cura de humildad como la que yo viví durante ese mes. Mi mayor reto era Clarín. Me daba miedo, me parecía horrible pensar en leerlo, no quería. Y debía hacerlo. De todo lo que leí, se grabó con especial fuerza la novela de la que voy a hablar, Su único hijo (porque Clarín no es solamente La Regenta o Adiós, Cordera, aunque también).
El aprendizaje es serio, y los efectos deberían serlo también. Recomiendo leerse la novela en un plazo no superior a 5-7 días, para meterse de lleno. Elige una semana poco cargada de trabajo o unas vacaciones y métete de lleno. Y entonces verás. Porque todo lo que crees que estás viviendo tú por primera vez en la historia ya lo han vivido otros antes, porque todas las técnicas rompedoras de la escritura ya estaban ahí, porque del Realismo (y yo he sido siempre del Surrealismo) nacen, como tentáculos, todas nuestras pasiones. Y, sobre todo, porque nuestras contradicciones se hacen evidentes.
Empecemos por algo importante: uno empieza la novela y, con ese Realismo punzante, debe buscarse al personaje con el que más se identifica, por aquello de no morir de aburrimiento. Yo elegí a Bonifacio. También viene bien siempre pillarle manía a alguno de los otros (en mi caso, Emma, Nepomucemo… ). Y, entonces, de repente, cuando la identificación y la manía ya están cuajadas en tu esquema, todo se da la vuelta, y reconoces en silencio que te pareces mucho a quien detestas y poco a quien admiras (“¡pero si yo soy Emma!”). ¿Qué es lo que pasa entonces? Que recuerdas que eres un posmodernito del montón que ha crecido bajo el lema de “contradecirse es un deber” que gritaba Foucault. Pero es que estás leyendo al siglo XIX, pero es que estás leyendo Realismo, y es ahí donde se obra el milagro, la cura de humildad, la limpieza de creencias y de fes varias (porque, sí, nos empeñamos en gritar que vivimos la época de la muerte de todo tipo de creencias pero seguimos creyéndonoslo todo, y creyendo en casi todo).
El siglo XIX tiene algo que enseñarte. Más allá de la contradicción, a través de las páginas de Su único hijo, descubres que tus pasiones son antiguas, que están muy vistas, y que alguien las relató mucho mejor que tú. ¿Te has pasado alguna vez la noche en vela esperando que te respondieran a un mensaje de texto, a un e-mail? Si no la noche en vela seguro que un mal rato sí que has pasado, por lo menos. Pues lamento decirte que eso está muy visto, que te crees que es un mal de los tiempos modernos y resulta que en el XIX Clarín nos demostró lo que son los desvelos, las intriguillas de la vida diaria, el creerse que estás viviendo una vida importante. Bonifacio, el protagonista, piensa que, ya que nunca podrá escribir una novela que narre una vida admirable como las que tanto le gusta leer, se va a dedicar a vivirla. Bueno, no voy a llenar esto de ‘spoilers’. Si alguien se atreve, que lo lea. Creer que uno vive una vida fuera de lo normal… ¡ay! Y lo seguimos creyendo. Y, lo que es más importante, seguimos creyendo que nuestra época es especial, grande, llena de retos para los que la vivimos… Ignorantillos del montón que somos.
Bajemos hasta el XIX, veamos cómo las enfermedades del cuerpo y del alma que consideramos tan de nuestros días (¿es la ansiedad un mal del siglo XIX? pensemos la respuesta varias veces) eran, ya entonces, lo que poblaba los cuerpos de los personajes y personajitos; veamos cómo los amores y desamores, las fidelidades y las infidelidades, la sensualidad y la castidad, etc. ya estaban, exactamente iguales, allí; veamos cómo no podemos identificarnos con un personaje porque no somos uno, somos muchos dentro de uno, uno que se contradice y se tuerce los tobillos continuamente mientras anda, veamos, veamos, veamos…
Y el que no quiera ver que no vea, pero esta novela llega a ser realmente divertida (¡el Realismo puede ser divertido!), y a lo mejor hasta la puedes leer desde tu e-book para seguir sintiéndote moderno, porque todo lo demás, toda la modernidad (y hasta la posmodernidad) lleva aquí siglos, y nosotros seguimos empeñándonos en ser originales, malditos, desgraciados, geniales (¡y encima nos gusta la estética ‘vintage’!). Bajemos los humos, Su único hijo es una buena forma de adentrarse en el XIX… y no tengamos miedo, al fin y al cabo sentirse comprendido le gusta a cualquiera, y ahora vamos a aprender que no somos tan especialitos como creíamos, pero que somos humanos, cansinamente humanos, y que todas esas desgracias no son delirios, sino la expresión de nuestra humanidad.
“Me llamo María, tengo 27 años y reconozco que no soy nada nuevo”.

Estefanía S. Lorenzo
la verdad es que nosotros los modernillos de hoy en día no solemos leer nada de otro siglo y si lo hacemos no suelen ser autores españoles … una pena … buena recomendación María
nov 04, 2010 @ 10:38 am
Adrián García
Increíble artículo! Me ha encantado! Sin lugar a dudas leeré en cuando tenga algo de tiempecillo libre ‘Su único hijo’!
nov 04, 2010 @ 11:44 am
M. Escuin
Buen artículo. Está bien que de vez en cuando nos bajemos los humos y escribamos sobre los clásicos, desmitificándolos. Porque los clásicos, alguna vez fueron rompedores e innovadores.
nov 04, 2010 @ 9:18 pm
M. Escuin
Por cierto, me atrevo, el cuadro es Turner, ¿no?
nov 04, 2010 @ 9:19 pm
María Marí Ros
Que conste que tuve que elegir uno de entre todas esas 4000 páginas, y fue el que a mí más me gustó y el que más creo que nos puede “servir” a día de hoy, pero que hay alguno que otro que también se merecería uno o un millón de artículos.
Es gracioso, nunca me había imaginado escribiendo sobre Clarín más allá de los exámenes y trabajos, y de repente tuve como la necesidad…
Ya me contaréis.
M., premio! No sabía qué imagen elegir y decidí apostar por otro “clásico”, pero de la pintura, que me parece también magnífico y que me encantó descubrir (y me sorprendió tanto como Clarín o más!)
nov 05, 2010 @ 4:11 am
Jordi M. Novas
He leído el artículo a mediodía y no sé por qué no he comentado..
Es de los mejores que he leido por aquí, sobre todo porque se nota que tiene mucho de apreciación personal por la obra.
nov 05, 2010 @ 4:36 am
María Marí Ros
Gracias, Jordi, es todo un honor viniendo de usted!
nov 05, 2010 @ 4:40 am
Gabriela
María, me encantan tus artículos, tu manera de escribir, la forma en que me generás ganas de leer. Acaso, quizás, hayas escrito algún libro? Me gustaría seguir leyéndote!! Mientras, leeré algo de lo que recomendaste. Saludo!
mar 23, 2013 @ 10:45 pm